Considerado por los expertos como el mejor nadador de la historia, Michael Fred Phelps consiguió ocho medallas de ocho en los pasados Juegos Olímpicos de Beijing, el mejor resultado de un deportista en estos Juegos y sumando así 14 preseas en sus participaciones olímpicas.
En los pasados Juegos celebrados en Beijing, el nadador de 23 años logró ganar ocho medallas y superar el récord que su compatriota Mark Spitz conquistó en los Juegos de Munich en 1973 (siete medallas de oro). A partir de ese momento, todas las miradas se centraron en él y en su increíble capacidad para moverse en el agua como si fuera su superficie natural.
Su físico no es imponente como el de otros campeones (Ian Thorpe, Johnny Weissmuller o el ya mencionado Spitz), pero mide 1,95 y pesa 88 kilos, sus brazos abiertos tienen una envergadura de 2,04 metros y calza 46. Todo ello hace que el agua sea casi su medio natural.
Decisiones sabias
Después de practicar desde muy pequeño, en su natal Baltimore, algunos deportes típicos de Estados Unidos (béisbol y fútbol americano), comenzó a nadar a los 7 años, impulsado por sus hermanas, Hilary y Whitney, esta última campeona de Estados Unidos de los 200 Metros Mariposa en 1994 y a la que una lesión de espalda la obligó a una retirada prematura. Aunque siendo muy niño le temía al agua por la inmensidad que representaba el océano para él, ha declarado que considera a las piscinas como un refugio, pues era su pretexto para alejarse de las constantes discusiones que sostenían sus padres que poco tiempo después se divorciaron.
Con tan sólo 11 años, su vida daría un giro drástico luego de un encuentro con Bow Bowman, un técnico que no tardó mucho en entender que frente a él tenía a un gran talento. Con su ayuda, empezó a entrenar y gracias a su respaldo fue admitido en el Baltimore Acuatic Club, donde podía practicar con libertad. Su relación con Bowman se estrechó a tal punto, que lo considera su segundo padre, pues su relación con el biológico se deterioró luego del divorcio.
Hace ochos años, con apenas 15 de edad, participó en los Olímpicos de Sydney, donde consiguió un meritorio diploma luego del quinto lugar en los 200 Metros Mariposa. Un año más tarde, llegaría su primer título, una medalla de oro en los 200 Metros Mariposa en el Mundial de Fukoka, en Japón. En esta prueba, precisamente, estableció un récord mundial de 1:54,58 minutos que lo convirtió en el más precoz de la historia. Al año siguiente en los Pan Paficic Games ganó cuatro medallas de oro en Individuales y una de plata en Relevos de 4x200 Metros Libres.
Al terminar su bachillerato, interrumpió los estudios para dedicarse exclusivamente a la natación. De hecho, es el único componente del equipo estadounidense que ha pasado de amateur a profesional sin haber competido en los campeonatos universitarios.
Año de récords
En el 2003, batió ocho récords mundiales en 41 días, varios de ellos de calibre insospechado. En el Mundial de Barcelona, se reveló al mundo como el nadador con mayor proyección de la historia, al ganar, con apenas 18 años y a título individual, tres medallas de oro: 200 Metros Mariposa, prueba en la que en semifinales batió el récord del mundo (1:53,93 minutos), 200 Metros Estilos (1:56,04 minutos; récord del mundo) y 400 Metros Estilos (4:9,09 minutos; récord del mundo).
Sumado a esto, llegó una medalla de plata en 100 Metros Mariposa, prueba en la que en semifinales había batido también el récord del mundo (51:10 segundos), pero en la final fue superado por el mejor nadador de este estilo, su compatriota Ian Crocker. Además, conquistó la medalla de plata de 4x200 Metros Libres, como integrante del cuarteto estadounidense.
A partir de entonces, ya se hicieron familiares los apodos que le impusieron los periodistas: ‘Bala de Baltimore’, ‘Niño prodigio’ o ‘Tiburón de Baltimore’.
Para los Juegos de Atenas 2004, sólo un atleta en la historia había ganado ocho medallas en una misma olimpiada: el soviético Alexander Dityatin en gimnasia en Moscú 80. Con los seis oros ganados, Phelps igualó la marca de la nadadora Kristin Otto, y se quedó a una de las de Spitz, quien no hay que olvidar que tuvo un calendario menos complicado y compitió sólo en los estilos Libre y Mariposa.
No deja de ser un niño
Fuera del agua es muy serio, pues ni siquiera se le ve sonreír al ganar una prueba. Como norma, nada 80 kilómetros por semana, en lo que invierte cinco horas de entrenamiento diario. Su rutina se reduce a dormir, entrenar y comer para ganar peso.
El único ‘capricho’ que se permite es jugar baloncesto o fútbol de vez en cuando. También suele escuchar música en su Cadillac Escalade, que se compró con sus primeros ingresos y a la que ha dotado de pantallas de televisión en los reposacabezas, un equipo de sonido estereofónico con tres reproductores de Cd y unas llantas de medio metro de anchura.
¿Qué come Michael Phelps?
Para el desayuno: tres sándwiches de huevos fritos, con queso, tomate, lechuga, cebollas fritas y mayonesa; luego, tres panqueques con pedacitos de chocolate; una tortilla de cinco huevos, tres tostadas cubiertas de azúcar y un tazón de una avena de maíz; todo eso, con dos tazas de café.
Para el almuerzo: una libra de pasta enriquecida; dos sándwiches de jamón y queso en pan blanco con mayonesa; para tomar, bebidas energizantes.
Para la cena: otra libra de pasta –quizá con salsa carbonara– más una pizza grande y más bebidas energizantes.
“En los pasados Juegos celebrados en Beijing, el nadador de 23 años logró ganar ocho medallas y superar el récord que su compatriota Mark Spitz conquistó en los Juegos de Munich en 1973”